Nunca he entendido como me mira el mundo a mi alrededor, solo sé que mi realidad debe estar cubierta por un velo que muestra un rostro mucho mejor. Al menos en lo relacionado a la nutrición, estos días practico cuanto ejercicio puedo por diversión, mis músculos empiezan a definirse claramente poco a poco, pareciera como un logro de no ser que vienen saludando a la libertad en conjunto con mi estructura ósea.
Estoy seguro que pocas personas a mi entorno conocen este sentir, para mi no es la primera vez, aquella vez anterior juré nunca volver a caer en este oscuro lugar y ahora recuerdo las palabras del cuervo rebotando en mi mente... "Nunca digas nunca" "Nunca jamás"
Los hambrientos de verdad nos reconocemos fácil al caminar, un caminar erguido con los ojos mirando a la nada, no hay fuerza en sus movimientos, solo soltura inerte, el cuerpo se mueve por mecánica y no por quererlo de verdad además su mayoría con movimientos torpes. Son personas cargando un tabique de confusión en la frente y muchas veces hablando para si mismos buscando un consuelo o fuerza para continuar, últimamente platico mucho conmigo.
Es bueno saber que esto esta por terminar.
Chocolate
Bienvenidos hermanos, a éste mi primer día de escritura. En definitiva. no es una celebración intelectual mi llegada a los textos virtuales. Es un día miércoles cualquiera, donde he vuelto a sobrevivir otra vez. Llamemoslo un acto deliberado de ocio o de falta de vergüenza. Aquí podre destapar la pobreza de mi técnica como escritor y carencia de inspiración, esto es solo una colección de textos brutos.
Quiero, compartir experiencias con relación a los hechos de la vida diaria y un pasado no muy distante. Como más anécdotas que no pasarán de 26 años de haber acontecido, temas insípidos de la vida de un hombre común nacido en la Ciudad de México con anécdotas en extremo maravillosas. Antes de todo me presento, mi nombre es Homero Flores y desperdicio oxigeno desde finales del año 1983. Repito, hoy sobreviví otra vez a la muerte. Como en el año del 85, cuando vino el gran temblor de la Ciudad de la Esperanza. Y plasmo en mi cuerpo esa bella cicatriz que me recorre de pies a cabeza. Les cuento mi primera y mas reciente historia.
Caminar por el centro histórico de la ciudad, es una experiencia relajante. Suelo llamar a esta zona urbana "La Ciudad de los Monchis", en honor a la gala de magníficos restaurantes y deliciosos puestos ambulantes por recorrer a cada paso. La mañana de hoy visitaba "La torta", un restaurante con sublimes desayunos. Está ubicado en la calle de Independencia casi esquina con López. Mira mi sorpresa al cruzar el barrio chino, una ligera explosión sucede justo junto a mi ser en una coladera de rejilla a mi izquierda... no soy un hombre fácil de impresionar en ese aspecto. Saben algunos de ustedes, toda la gala de accidentes a los que he sobrevivido durante este mas de cuarto de siglo. Es solo un poco de fuego y humo, ni siquiera para alterarme o incitar a acelerar el paso, tengo prisa por llegar a desayunar. Será mi primer desayuno decente en mucho tiempo y solo pienso en esos deliciosos molletes con jamón que incluyen café, fruta y jugo por tan solo $39.oo. Una explosión de ese nivel no es nada, no para asustar a la verdadera rata de urbe, y no les vaya a tomar esto por sorpresa, les cuento mis delirantes amigos que la probabilidad y estadística siempre me guarda un as bajo la manga, entonces vino la segunda explosión, tan solo 20 pasos mas adelante, misma acera, mismo imbécil, distinto material, el sentido común nunca ha sido mi amigo y esta coladera o mejor nombrarla tapa de concreto si tuvo a la gran puta madre explosión que me sorprendiera, fuego, humo, sordera y un salto ejecutado a la perfección por esa que pudo ser mi lapida de concreto volando poco mas de un metro de altura justo a lado de mi con una magnífica ejecución de caída libre, ¡Que giro mas exacto!, cayó al suelo totalmente plana con un sonido sordo e impecable, lado izquierdo otra vez, montones de ojos consternados mirando hacia esta dirección, y continuo caminando en linea recta, sin correr con toda calma, esta perra si me cambio el ánimo pero solo me provoco una gran risa, busco la pared mas cercana que aparente ser segura, me recuesto lentamente, termino sentado con mucha risa y solo volteo a ver el fuego y el humo a mi espalda... estoy muerto de la risa, la gente mira el fuego, al loco que se ríe con tanto gozo por las casualidades de la vida y esa señora que sale del hotel frente al lugar de la explosión con un extintor tratando de actuar inteligente... ella tiene aún menos sentido común, se llama a emergencias y se requiere a protección civil, pero nunca, lo digo en serio nunca te acerques a menos de 2 metros de una explosión de un cableado eléctrico, me levanté enfurecido a regañar a la señora y apartarla de ahí, pero mira que México esta repleto de estúpidos, desde el oficial de policía hasta el chalan con los tanques de gas, todos queriendo ayudar en una situación donde el riesgo ya paso y el próximo paso se le permite solo a los profesionales del área, total, ya no es mi problema, lo dejó de ser desde que mis oídos volvieron a su normalidad, estoy listo para desayunar.
Este es mi primer relato corto, poco a poco llenaré este espacio con opiniones, experiencias y cuentos, bienvenidos mis dementes amigos a mi nuevo escondite, los quiero, los amo y los odio.
Chocolate