11 de mayo de 2010

Escrito desde mi ventana

Cuando pienso en sexo, imagino un grupo de desconocidos al aire libre, tendidos sobre verde pasto lamiendo sin piedad la carne de unos a otros. Pienso en los sexos húmedos y los otros rígidos a punto de reventar bañando el ambiente con aromas de fertilidad y locura.
Me imagino mi cuerpo empapado de sudor y mis manos aferradas a la caridad de unos pechos firmes, resbalosos por la fricción. Sordo de todo grito, gemido o reclamo alrededor.
Cuando pienso en sexo imagino aves volando en círculos, dientes de león abanicados por el viento, tu mirada radiante y tu figura bañada de sol, bendito sol que puede rozar tus piernas.
Cuando pienso en sexo me recuerdo sin ser arrogante la deliciosa libertad de besar un par de delicados muslos entre cada nueva posición, imagino tus manos sobre mi cabeza dominando mis cabellos mientras exiges otra visita de mis labios a tu entrepierna de miel... que con gusto haré.
Cuando pienso en buen sexo del tipo magnífico, salvaje y animal solo una persona permanece en mi mente, porque solamente podía ser ella que padece silencio.


Chocolate

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