Horror, pavor y error, no debí salir a la calle este día ni mucho menos llamarle a nadie, dije todo incompleto, inconciente e inepto.
Todo en terceras partes, desde lazar al perro para darle un baño, lavarlo y lavarlo que de lodo se ha embarrado.
Pedí 3 veces arroz para que me sirvieran 2, redacté 3 veces correos para equivocarme 3 veces de destinatario, fueron justo 3 pasos de baile antes de caer, 3 las llamadas al número equivocado que además terminaba en 3 e igual número de veces olvidé las llaves, el teléfono y la dignidad.
Pero el perro está contento, el bailar nunca se me ha dado, la llamada equivocada nunca la habría terminado, la dignidad ni de milagro habría guardado, no hubo interrupciones por llamadas y el guisado en lugar del arroz fue bastante de mi agrado. Los destinatarios sabrán que mi error fue quizá por un delirio, al final la puerta no estuvo cerrada y me permito confesarles el error no fue por demente ni por perdido, ya no vendo simulacros y mejor confieso: he caido en la fiebre del enamorado.
28 de agosto de 2011
13 de marzo de 2011
El fin
Terminó, se acabó o llamen esto el fin,
y agoté la reserva de galletas de animalitos,
se fueron antes que la leche usada para remojar cada una,
pero no sirvieron de nada, ya no las hacen como antes y
al parecer no están hechas para el corte de venas.
Salí mejor a volar papalotes,
como ayudan para mirar al cielo,
azul y esponjado, por encima estaba el sol,
pronto vino la puesta, morada, roja y serena,
el principio de otro final.
Otro fin en nueva vez,
espirales que suben, bajan y a volar,
volar hasta el fin otra vez.
Otro fin en nueva vez,
espirales que suben, bajan y a volar,
volar hasta el fin otra vez.
Di la vuelta a casa,
acompañado de un cachorro,
fiel compañero vamos a saciar tu hambre,
después promete que viajaremos al mar,
vamos al mar, donde termina la tierra,
el principio de otro final.
Otro fin en nueva vez,
espirales que suben, bajan y a volar,
volar hasta el fin otra vez.
Otro fin en nueva vez,
espirales que suben, bajan y a volar,
volar hasta vomitar.
10 de febrero de 2011
Las hormonas.
Hablaban de síndromes y solo padecía un resfriado, aseguraban que el pasado no había forjado en mi un hombre prudente y daban por hecho que era capaz de cometer una locura, una persona así no debía andar libre por la ciudad si tales pensamientos podían tan fácilmente brotar al exterior de mis labios. Yo estaba vestido en esa bata verde sentado sin hablar observando a estos dementes juzgar mi situación, esas eran las consecuencias de entrar a una consulta médica y fingir gravedad de mis síntomas con el único motivo de obtener una cita con esa guapa enfermera de tenis rosas... la cual por cierto ya no estaba ahí.
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