28 de agosto de 2011

Error.

Horror, pavor y error, no debí salir a la calle este día ni mucho menos llamarle a nadie, dije todo incompleto, inconciente e inepto.
Todo en terceras partes, desde lazar al perro para darle un baño, lavarlo y lavarlo que de lodo se ha embarrado.
Pedí 3 veces arroz para que me sirvieran 2, redacté 3 veces correos para equivocarme 3 veces de destinatario, fueron justo 3 pasos de baile antes de caer, 3 las llamadas al número equivocado que además terminaba en 3 e igual número de veces olvidé las llaves, el teléfono y la dignidad.
Pero el perro está contento, el bailar nunca se me ha dado, la llamada equivocada nunca la habría terminado, la dignidad ni de milagro habría guardado, no hubo interrupciones por llamadas y el guisado en lugar del arroz fue bastante de mi agrado. Los destinatarios sabrán que mi error fue quizá por un delirio, al final la puerta no estuvo cerrada y me permito confesarles el error no fue por demente ni por perdido, ya no vendo simulacros y mejor confieso: he caido en la fiebre del enamorado.